Ocelado vs Bastarda

El pasado fin de semana tuve el encuentro más inesperado que me podía imaginar. Me había desplazado nuevamente a la ribera del rio Tietar para continuar mi trabajo con el Martin Pescador, pero estando allí me surgió la oportunidad de poder realizar por la tarde una observación de Mochuelo, por lo que decidí pasar el día por la zona.

Entre sesión y sesión realicé una parada para reponer fuerzas, aprovechando para descansar y comer algo, y para ello elegí una zona que pronto me di cuenta que estaba plagada de lagartos ocelados, por lo que decidí sacar la cámara mientras comía por si de paso podía obtener alguna buena imagen de estos preciosos reptiles.

Cuando después de comer ya me dirigía de nuevo al coche para guardar la cámara, vi a unos pocos metros de mi un enorme macho de lagarto ocelado de no menos de 50cm de longitud que estaba soleándose tranquilamente en un claro de la campiña, “…este es el que estaba buscando”, pensé yo, por lo que rápidamente intenté posicionarme donde la luz era más propicia para encuadrarle.

Pero antes de poder disparar mi cámara para intentar inmortalizar a tan magnífico ejemplar, se me adelantó una “invitada inesperada”, ya que de repente, una culebra bastarda de más de dos metros de largo y mas ancha que mi brazo, salió como un rayo de un matorral cercano, atrapando al ocelado en una maniobra envolvente a fin de asfixiarlo y hacerse con él.

Aunque la reacción del ocelado para intentar huir fue instantánea, la culebra bastarda no le dejó escapar y ambos se dedicaron no pocas “caricias” en forma de dentelladas durante los primeros momentos de lucha. Finalmente el ocelado no pudo zafarse de ninguna manera de la culebra bastarda, que enroscada sobre el enorme lagarto cada vez le asfixiaba más, no solo por intentar terminar con su presa lo antes posible, sino también para impedirle cualquier movimiento de defensa o de intento de fuga.

Toda la acción se desarrolló en escasos segundos, y una vez que la culebra bastarda creía ganada la batalla se dedico a continuar asfixiando a su presa mientras ella comenzaba una danza mortal a su alrededor buscando los puntos más débiles del lagarto ocelado para inyectarle su ponzoña mortal, ya que si bien para los humanos la mordedura de la culebra bastarda es “solo” terriblemente dolorosa, pero no mortal, para un lagarto ocelado, por grande que este sea, el veneno que la culebra bastarda le inocula con sus dientes traseros se convierte para el lagrato en una sentencia de muerte.

Sin embargo, tras unos breves instantes y cuando todo parecía indicar que los días del lagarto ocelado habían llegado a su fin, de repente un pequeño despiste de la culebra bastarda, quizás confiada en que la batalla estaba ya ganada, permitió que el ocelado emprendiese la huida hacía un espeso matorral próximo al escenario del combate, que le serviría de refugio para ocultarse de la bastarda e intentar recuperarse.

Lamentablemente la culebra bastarda, aparte de haber asfixiado al lagarto ocelado hasta la saciedad, también le había ya inoculado su veneno, por lo que el fin del ocelado estaba cantado, y aunque finalmente no se convirtió en el menú de la culebra gracias a su habilidad para escaparse cuando parecía imposible que lo pudiese lograr, lo cierto es que no logró superar las secuelas del intenso combate y a las pocas horas lo encontré muerto en el mismo sitio donde se había ocultado cuando milagrosamente logró escapar de la culebra bastarda.

Esta escena seguro que ocurre en nuestros campos varias veces cada día, pero pocas veces tenemos la oportunidad de poder observarla en directo, y mucho menos de fotografiarla. En esta ocasión tuve el privilegio de poder vivirlo en primera persona y además cámara en mano, por lo que me siento afortunado al haber podido ser testigo de estas imágenes y de poder compartirlas con vosotros, ya que reflejan con toda su crudeza el día a día de la lucha por la supervivencia en la naturaleza salvaje que nos rodea.

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